La universidad pública es una de las pocas instituciones que no están segmentadas por nivel socioeconómico: allí conviven hijos de familias acomodadas con otros que son primera generación de estudiantes. Y es justamente el alumnado proveniente de los quintiles de menores recursos económicos el que más aumenta, según distintos estudios. La universidad “sigue siendo un instrumento muy significativo de movilidad social ascendente”, afirmó el vicerrector de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) Sede Andina, Diego Aguiar. 

“En la universidad nos cruzamos todas las clases sociales, todas las ideologías”, expresó, y graficó: “Vos tenés gente que va en auto y gente que se toma tres colectivos y sale del trabajo y se va a la universidad. O que va caminando porque no tiene plata para el colectivo. Todos nos encontramos allí”. 

Esa realidad que se observa a simple vista tiene también el anclaje de los números: hoy en día casi la mitad de los dos millones de estudiantes universitarios del país pertenecen a hogares pobres. Esto se desprende de un estudio dado a conocer este lunes por la UNRN así como de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares que elabora el Indec. “Lo que plantean esos estudios es que la población pobre en las universidades no viene retrocediendo, es más, viene aumentando”, destacó Aguiar en una entrevista con Nada Personal (Radio con Vos Patagonia). 

Su afirmación contrasta con las recientes declaraciones del presidente de la nación, Javier Milei, quien al argumentar por qué su Gobierno desfinancia a las casas estudios superiores sostuvo que “la universidad pública nacional no le sirve a nadie más que a los hijos de los ricos y de la clase alta y media alta, en un país donde la gran mayoría de los niños son pobres”. El mandatario dijo también que “la universidad dejó de ser una herramienta de movilidad social para ser un obstáculo para la misma”.

Milei en el CCK: “La universidad dejó de ser una herramienta de movilidad social para ser un obstáculo para la misma”.

“Son todas chicanas e intentos de denostar o deslegitimar a una institución que muestra que el Estado puede ser una institución útil, reconocida, que ayude a la ciudadanía”, analizó el vicerrector de la UNRN.

Una matrícula en crecimiento

Según el estudio elaborado por la UNRN, entre 1996 y 2023, en un contexto de expansión de la matrícula universitaria, la proporción de jóvenes pertenecientes a familias de bajos ingresos que asisten a la universidad prácticamente se triplicó. Sin embargo, la incorporación de sectores menos pudientes a la formación superior viene aumentando desde que en 1949 se sancionó la ley de gratuidad universitaria. 

Esa norma “fue fundamental porque a partir de allí el crecimiento exponencial de los alumnos fue muy significativo y después, a lo largo de las décadas, se fueron creando universidades” en el interior del país, brindando la posibilidad de estudiar a sectores que antes quedaban marginados, describió Aguiar.

Es representativo en este sentido el caso de Bariloche, donde hay cuatro universidades nacionales: la UNRN, la del Comahue, la UTN y la de Cuyo, a través del Instituto Balseiro. Esta situación se repite en muchas otras ciudades de la Argentina.

A diferencia de otros países -como Brasil o Chile, por ejemplo- las universidades nacionales no solo son gratuitas sino que tienen en la enorme mayoría de sus carreras acceso irrestricto, sin cupo y sin examen de ingreso.

Foto: Universidad Nacional de Río Negro.

Esto no quita que transitar las carreras sea sencillo, ya que son muchos los estudiantes que trabajan para poder estudiar (lo que entre otras cosas, prolonga la duración de las carreras). De hecho, explicó Aguiar, en la UNRN un tercio de los 13.000 estudiantes accede a una beca, de 20 mil pesos en el caso de las provinciales o de $35.000 en las Progresar, que otorga la nación.

“Imaginate si a esos alumnos vos les decís que tienen que pagar mañana o pasado mañana 500 mil pesos o un millón de pesos” para cursar: “Perderías más de la mitad de los estudiantes del sistema público si existiera alguna clase de arancel”, señaló el titular de la Sede Andina.

Movilidad social ascendente

Por otro lado, “todos los estudios muestran que una persona que tiene estudio universitario tiene muchas más probabilidades de encontrar trabajo que una que no lo tiene, y en el caso de encontrarlo, que sea un empleo en blanco y con un sueldo más alto”, sostuvo Aguiar

Por esto, señaló, “no hay otra institución que le permita a una familia en una generación ascender socialmente. No hay otra cosa. Y eso es lo que defendieron la mayoría de las familias de la Argentina, que se movilizaron tanto en abril como en la última oportunidad”. 

Pero, siguió el académico, a muchos sectores les molesta que “las personas pobres, humildes o de clase media-baja puedan a través del Estado, con los impuestos que pagan todas las personas, progresar en su vida personal y familiar”.

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